Día 5 Octubre. Por las faldas del Etna
Hay una conjura en contra nuestra. Los mexicanos se trajeron
alguna maldición de Tlaloc que nos persigue. Salimos con cielo nublado pero sin
lluvia. La idea es recorrer media docena de pueblos en las faldas del volcán.
En cuanto bajamos del coche en el primer pueblo, Paternó, se desata el agua.
Nos miramos sin dar crédito. Son 3 días que vivimos inmersos en la humedad. Mis
sandalias de cuero vietnamitas están que dan pena, los paraguas huelen a trapo
húmedo. En fin, es lo que hay y mejor vamos aceptándolo con buen talante.
Castillo normando en la cima con vista al valle y al fondo el coloso Etna lleno
de nubes que dificultan apreciar su grandeza.
Siguiente parada Biancavilla…..glup,
¿ qué pasa? Todo el mundo va vestido con sus mejores galas y es jueves.
Queremos llegar a la plaza con su iglesia barroca, vamos detrás de una
furgoneta de reparto que en cada esquina debe rectificar su trayectoria para
poder pasar por los ángulos casi imposibles que tienen las bocacalles debido a
su estrechez. Hay tráfico pero esta furgoneta va abriendo camino y nosotros
pegados a ella. El gentío empindongado arrecia, ¿ nos habremos equivocado y es
domingo?. La gente hace difícil el paso, desembocamos en la plaza y la multitud
llena cualquier hueco. Son las fiestas patronales del pueblo, día grande, San
Plácido. Por suerte hay un callejón por el que escapamos mientras vamos
toreando a los que llegan tarde y van con prisas.
Salimos sin poder ver más allá del estilo de vestir festivo
de ellos y ellas y llegamos a Adrano. No hay fiesta, las calles tranquilas,
semidormidas y otro castillo normando y mas iglesias, por suerte cerradas. El
castillo alberga un museo con piezas de barro y bronce que datan de 4 siglos
antes de Cristo. Interesante a la par que ameno.
De todas las piezas del museo, esta es la que mas me ha impresionado
La hora de comer se acerca.
Dos veces que preguntamos, nos mandan de nuevo al pueblo en fiestas. Nos
negamos a volver.
Buscamos en google un restaurante, lo encontramos y dice que
está en mitad del monte.
Media hora por serpenteantes caminos, por suerte asfaltados
quizá en tiempos de Mussolini y nunca más
reparados. A los lados, casas deshabitadas, bancales de piedra negra volcánica,
vides, cultivos diversos pero nadie a quien preguntar. Por las direcciones que
nos da el GPS, notamos que está tan perdido como nosotros. Decidimos desistir y
que nos baje de nuevo al pueblo. En la última curva, antes de entrar vemos el
cartel de Villa Curruba, Ristorante. Al legar el personal está departiendo
afuera, en el jardín. Charlan y fuman y somos los únicos comensales.
Nos atienden con mucha gentileza. Pedimos el antipasto de la
casa y Lasaña. Cuando llega el antipasto dudamos si seremos capaces de comer
algo más. El vino hace milagros y nos envalentonamos. El antipasto es
descomunal como se ve en las fotos y todo está bueno. Al final y al enterarnos
que las porciones de lasaña serán grandes, negociamos 2 platos para los 4. Aún así,
las raciones eran grandes. Y lo mejor…..el precio que con cafés, postres
bebidas, licores ascendió a 52 €. Me cercioré que no se habían equivocado.
Continuamos con la circunvalación y siendo testigos de la
fertilidad de la región. Por suerte la lluvia nos respeta y ya no sufrimos
ningún otro conato de inundación.
Acompañamos a Made y Edgar al aeropuerto, nos abandonaron por Budapest.














Disfrutar de la soledad que extrañareis después de nuestras compañias.
ResponderEliminarSeguir contando y besos.