jueves, 5 de octubre de 2017

Día 5 Octubre. Por las faldas del Etna






Día 5 Octubre. Por las faldas del Etna

Hay una conjura en contra nuestra. Los mexicanos se trajeron alguna maldición de Tlaloc que nos persigue. Salimos con cielo nublado pero sin lluvia. La idea es recorrer media docena de pueblos en las faldas del volcán. En cuanto bajamos del coche en el primer pueblo, Paternó, se desata el agua. Nos miramos sin dar crédito. Son 3 días que vivimos inmersos en la humedad. Mis sandalias de cuero vietnamitas están que dan pena, los paraguas huelen a trapo húmedo. En fin, es lo que hay y mejor vamos aceptándolo con buen talante. 



Castillo normando en la cima con vista al valle y al fondo el coloso Etna lleno de nubes que dificultan apreciar su grandeza.


 Siguiente parada Biancavilla…..glup, ¿ qué pasa? Todo el mundo va vestido con sus mejores galas y es jueves. Queremos llegar a la plaza con su iglesia barroca, vamos detrás de una furgoneta de reparto que en cada esquina debe rectificar su trayectoria para poder pasar por los ángulos casi imposibles que tienen las bocacalles debido a su estrechez. Hay tráfico pero esta furgoneta va abriendo camino y nosotros pegados a ella. El gentío empindongado arrecia, ¿ nos habremos equivocado y es domingo?. La gente hace difícil el paso, desembocamos en la plaza y la multitud llena cualquier hueco. Son las fiestas patronales del pueblo, día grande, San Plácido. Por suerte hay un callejón por el que escapamos mientras vamos toreando a los que llegan tarde y van con prisas.



Salimos sin poder ver más allá del estilo de vestir festivo de ellos y ellas y llegamos a Adrano. No hay fiesta, las calles tranquilas, semidormidas y otro castillo normando y mas iglesias, por suerte cerradas. El castillo alberga un museo con piezas de barro y bronce que datan de 4 siglos antes de Cristo. Interesante a la par que ameno. 



                    De todas las piezas del museo, esta es la que mas me ha impresionado





La hora de comer se acerca. Dos veces que preguntamos, nos mandan de nuevo al pueblo en fiestas. Nos negamos a volver.
Buscamos en google un restaurante, lo encontramos y dice que está en mitad del monte.
Media hora por serpenteantes caminos, por suerte asfaltados quizá en  tiempos de Mussolini y nunca más reparados. A los lados, casas deshabitadas, bancales de piedra negra volcánica, vides, cultivos diversos pero nadie a quien preguntar. Por las direcciones que nos da el GPS, notamos que está tan perdido como nosotros. Decidimos desistir y que nos baje de nuevo al pueblo. En la última curva, antes de entrar vemos el cartel de Villa Curruba, Ristorante. Al legar el personal está departiendo afuera, en el jardín. Charlan y fuman y somos los únicos comensales.
Nos atienden con mucha gentileza. Pedimos el antipasto de la casa y Lasaña. Cuando llega el antipasto dudamos si seremos capaces de comer algo más. El vino hace milagros y nos envalentonamos. El antipasto es descomunal como se ve en las fotos y todo está bueno. Al final y al enterarnos que las porciones de lasaña serán grandes, negociamos 2 platos para los 4. Aún así, las raciones eran grandes. Y lo mejor…..el precio que con cafés, postres bebidas, licores ascendió a 52 €. Me cercioré que no se habían equivocado.






Continuamos con la circunvalación y siendo testigos de la fertilidad de la región. Por suerte la lluvia nos respeta y ya no sufrimos ningún otro conato de inundación.





Acompañamos a Made y Edgar al aeropuerto, nos abandonaron por Budapest.

1 comentario:

  1. Disfrutar de la soledad que extrañareis después de nuestras compañias.
    Seguir contando y besos.

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