Y sus Detectives Salvajes, encontrado en un callejón
Día 24 Septiembre. Palermo
Vaya cacho de catedral que se gastan los Palermitanos.
Data de 1184 y se erige a raíz de una competencia de egos y
poderes entre la Iglesia y el Rey.
La autoridad eclesiástica estaba erigiendo una gran catedral
en Monreale y el rey sintió que perdía poder si no erigía algo que superara a
lo construido por el “rebaño sagrado”. Y aquí la tenemos.
Construida sobre una mezquita que a su vez se había
construido sobre una ermita. Un festival de estilos la caracteriza, comenzando
por el árabe normando y continuando con el pórtico gótico catalán. El interior es
marmóreo. Encontraremos mármol allá donde dirijamos la vista.
Nos ha tocado misa lo que me ha permitido constatar que
hasta la misa se oficia a gritos. La asistencia bastante floja, no superaba el
20%
En la plaza de Carlos V se encuentra el Palazzo de los príncipes
Alliata de Villafranca. Por un módico precio, cosa no usual, nos han dejado
husmear por las doradas habitaciones con Caravaggios, Van Dick, Mathias Stomer
y demás “ pintorcillos”. Tanto las ventanas, contraventanas y puertas están con
pan de oro.
La ciudad es una continua sorpresa arquitectónica como Las 4
esquinas. Un poco antes también con misa en marcha nos topamos con esta
maravilla La Iglesia de San Giuseppe dei Teatini. La nave completa está pintada
con frescos que a su vez están rodeados de figuras en relieve y estucos dorados, todo perfectamente
iluminado con luz natural. Una auténtica obra de arte que forma parte de una de
las Cuatro Esquinas.
Y aún faltan otras dos para formar las ya tan cacareadas 4 esquinas. Todo dedicado a Felipe III
Entramos a comer en una Trattoria llamada Il Maestro del
Brodo, a destacar el plato de Eva Los ravioles del maestro, rellenos de un puré
de berenjena con crema de almejas y un pesto de pistacho. Yo me he conformado
con unos linguini a lo scoglio ( a los tropezones, escollos, etc)
Tenemos una tarde entera que llenar. Mientras nuestra
brújula nos encamina hacia la Piazza di San Doménico hallamos una terraza de la
Gelatteria Lucchese de 1934. Ella un canoli picolino y yo una Tazza de gelatto de caffe e cioccolato. Para bajar
el exceso de calorías ingeridas nos hemos propuesto caminar por los barrios de
Vucciria y la Kalsa. Este último parece que le ha dado más penita a las
autoridades y se nota que se ha invertido dinero en reparar y adecentar los
edificios, palacios, palacetes, mansiones, caserones y casonas que conforman
esta ciudad.
Además de indicarnos por donde se va , nos enseña un noble trabajo de fontanería
A la indigestión de Canoli que tenía Eva , la hemos
combatido con una ginebra en un bar de barrio muy cerca ya de casa. Joder como
cansa el trabajo de turista/viajero.
Y para terminar el paseo del día de hoy quiero resaltar estos trabajos sublimes de cañerías en las fachadas, con algunos codos excelsos y el último que es lo que se conoce como la cañería Hidra





























Esto es otra cosa, fascinante. Y la comida sigue pareciendo muy buena.
ResponderEliminarFascinante
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